Había una casa abandonada que llama la atención de todos los habitantes del
vecindario, pues en las noches, sobre todo cuando se acercaba la medianoche, se podían detectar sonidos extraños que provenían de esta casa
tan misteriosa.
Una noche, cuando todo estaba en calma, de la nada se empezaron a escuchar estos sonidos
bastantes peculiares. Uno de los habitantes que pasa por el lugar, se armó de
valor y decidió tocar la puerta de la casa, esperando recibir algún tipo de
respuesta. Al no recibirla, decidió hablar en voz más alta.
- Hola, ¿hay
alguien ahí? –preguntó con curiosidad.
Cuando
decidió entrar, se dio cuenta de que la puerta se encontraba abierta, y al entrar
en la casa, todo estaba oscuro y se veía a medias. Aunque era curioso y
hasta el momento valiente, no sabía qué hacer, si avanzar o no, pues el miedo lo
invadió.
Al querer
caminar le era imposible moverse, y al querer hablar no podía articular
palabra. Al darse cuenta de esto, entró en un estado de nervios, pues se dio
cuenta que de necesitar ayuda, no podría pedirla.
Cuando
estaba a punto de enloquecer, comenzó a calmarse a sí mismo, y de a poco
recuperó el movimiento, cuando se recobró e intentó escapar, se dio cuenta de
que estaba encerrado dentro de la casa misteriosa y no tenía escapatoria, todas
las puertas y ventanas se encontraban cerradas.
Es ahí
cuando decidió acercarse a la puerta y comenzar a dar golpes y a gritar
mientras pedía auxilio, esperando que alguien pudiera ayudarlo o avisarle a la
policía, después de unos minutos lo escucharon, estos minutos pasaron muy
lentos.
Los vecinos
tuvieron que romper la puerta para poder ayudar al curioso hombre, quien
después de ese día no volvió a pisar más esa casa ni de cerca y el misterio de
los ruidos aún no se sabe de dónde provienen.